Sculpture collection

Pieces

El viajero (1991)

El viajero (1991)

Algunos críticos mantienen que, a fines de este milenio, seguimos todavía bajo la influencia del "pop" y que desde esa perspectiva deberíamos estudiar muchas de las propuestas de los últimos años. Eduardo Úrculo, aunque podíamos entrar en matizaciones, ha continuado fiel a esa estética tanto en su pintura como en su escultura, en la que se adentró hace más o menos una década. A partir del comienzo de los años ochenta, en sus obras hizo acto de presencia un hombre con sombrero, el mismo artista, que se enfrentaba a su contexto más íntimo dándonos la espalda (en una clara referencia irónica a aquellos personajes del romántico Friedrich que se subían a las montañas para contemplar, también dándonos la espalda, la grandeza de la Naturaleza). En ese periodo, a veces Úrculo sólo nos mostraba alguno de los objetos de ese personaje, como su chaqueta, su sillón o su sombrero."Estaba harto", decía, "de pintarle al mundo, a la femineidad, a lo sagrado... Quise buscar la intimidad en mis obras, encerrarme en mí mismo sin dejar de mirar el mundo, eso sí, de espaldas. Quería hacerme un homenaje a mí mismo, ¿por qué no? Un homenaje a mí y a mis cosas".