Sculpture collection

Pieces

Ola a ritmo de txalaparta (1986-1987)

Ola a ritmo de txalaparta (1986-1987)

Cuando Agustín Ibarrola empieza a actuar, en los años ochenta, sobre los pinos de un bosque próximo a su caserío y a trabajar con unas traviesas de ferrocarril desechadas por RENFE, profundizaba en una de las dimensiones que estaba presente incluso en sus trabajos más comprometidos ideológicamente: la dimensión de lo totémico. Las poderosas imágenes de sus obreros, que cobraron una dimensión simbólica entre los antifranquistas, poseían ya algo de tótem, de símbolo ancestral ligado al mundo de la naturaleza. En sus experiencias en el bosque, Ibarrola desarrolló una investigación espacial y lingüística que perseguía una recuperación de la memoria a través de lo que de ella pervive en la naturaleza. Junto a la referencia a la necesidad de demarcación del territorio en el hombre primitivo, el pino le permitía conjugar, mediante sus intervenciones, el espíritu de la vanguardia y el mundo de la cultura material que se toca y se habita. Pero veía el pino, en cuanto que especie no autóctona, como un producto industrial, exactamente igual a como él veía las traviesas con las que trabajaba, en las que se daba la doble condición de ser madera de árbol y traviesa de ferrocarril.