La ciudad desde la estación

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La ciudad

La ciudad de Ávila posee un impresionante conjunto artístico-monumental que le ha valido ser declarada Patrimonio de la Humanidad. De entre todo su legado histórico destaca su famosa muralla con un perímetro de 2.516 metros y una altura de doce metros.

Paseando por las calles de Ávila encontramos la huella de las diversas civilizaciones que la han poblado. Musulmanes, judíos y cristianos convivieron en el recinto amurallado durante la época medieval. En esta ciudad se han escrito algunos de los capítulos más importantes de la mística islámica, hebrea y cristiana. Sus calles están impregnadas de las esencias de la espiritualidad española. Se la ha llamado "tierra de cantos y santos" ya que en ella han nacido personalidades como Teresa de Cepeda, más conocida por Santa Teresa de Jesús; Juan de la Cruz; el franciscano español Pedro de Alcántara; el Mancebo de Arévalo o Pedro Bautista, primer mártir del Japón. Entre las personalidades relevantes de otras culturas nacidas en Ávila destacan el escritor hebreo Moseh de León o el autor del Libro de la Sabiduría, Nissim Ben Abraham.


Foto de la ciudad




La ciudad de la muralla

No cabe duda de que la construcción más representativa de la ciudad son sus murallas. Construidas a lo largo del siglo XII se han convertido en el emblema de Ávila. Se extienden a lo largo de 33 hectáreas y se componen de 88 torreones y nueve puertas. De ellas las más importantes son las llamadas del Alcázar, del Rastro y de San Vicente. Desde los Cuatro Postes se puede admirar una vista general de este cinturón sanitario, baluarte defensivo, frontera fiscal y soporte arquitectónico, todo en uno. En las piedras que la forman es posible leer distintos pasajes de la historia avilesa. Algunos de los bloques que la componen se reutilizaron de otras construcciones anteriores, tales como la necrópolis romana, diversos edificios civiles y la anterior muralla visigótica. Sus muros se adaptan a los accidentes del terreno y gracias a elementos arquitectónicos como las cenefas o los frisos de esquinillas podemos saber que entre sus constructores se encontraban alarifes mudéjares y moriscos.


Foto de la ciudad


Una de las personalidades más significativas de la historia avilesa es Santa Teresa de Jesús. Su huella puede seguirse por la ciudad visitando su casa natal, el convento de Santa Teresa y el Museo Teresiano. Otra visita obligada es la catedral, construida entre los siglos XII y XIV. La girola de este templo fortaleza es uno de los elementos más destacables. Esta nave que rodea al ábside, obra del escultor Vasco de Zarza, es un excelente ejemplo del primer gótico de Castilla. También hay que prestar atención al sepulcro del obispo Alonso de Madrigal, más conocido como El Tostado, o al retablo de la capilla mayor con pinturas de Berruguete.

Cerca de la catedral se encuentra la basílica de San Vicente, construcción de estilo plateresco levantada sobre otra anterior de estilo románico. El monasterio de Santo Tomás es otro de los tesoros de la ciudad que custodia en su interior un formidable retablo de Pedro Berruguete que data, aproximadamente, del año 1495. En él se encuentra el Museo de Arte Oriental. Otros edificios religiosos de la ciudad son la iglesia de San Pedro, la iglesia de San Andrés, el Monasterio de la Encarnación o el convento de San José.

El palacio de los Dávila es una fortaleza-residencia en la que se amalgaman diferentes estilos que corresponden a otras tantas épocas. En la plaza de Santa Teresa encontramos dos monumentos de la santa entre los que median cien años. El paseo del Rastro data del siglo XIX y es uno de los lugares más típicos de la ciudad. En la puerta del Rastro podemos ver el balcón de Doña Guiomar, construido en el siglo XVI. El recorrido nos lleva a través de un bonito espacio medieval formado por edificios como la casa del Marqués de las Navas o la casa de Diego Salcedo. Entre toda esta riqueza monumental también merece la pena detenerse a contemplar el Palacio Episcopal.


Foto de la ciudad




Gastronomía

La cocina abulense se caracteriza por su sencillez y por la influencia que han dejado en ella las culturas hebrea, islámica y, por supuesto, la cristiana. Durante algún tiempo se "cristianizaron" los platos para evitar problemas con el Tribunal de la Inquisición. Por ejemplo, a las judías estofadas se les añadía chorizo y tocino o a la adafina hebrea se le agregaba sustancia de carne para convertirla en el cocido castellano. En los postres la influencia es mayor, sobre todo en las especialidades elaboradas con almendra, con dulce de leche o con piñones.

Las tapas constituyen una excelente forma de entrar en contacto con la gastronomía de la zona. La lista de posibilidades es larga, entre ellas destacamos: picadillo, patatas bravas, patatas revolconas, torreznillos, asadurillas, alegrías, callos, riñones, oreja, mollejas fritas o guisadas, etc. Una comida más consistente puede empezar con un entrante de entremeses de productos de matanza como el lomo o el chorizo de olla. La sopa de ajo o la sopa castellana son algunos de los exquisitos primeros platos abulenses. El cochinillo asado, las judías con chorizo o el chuletón de ternera se encuentran también entre el amplio abanico de ofertas.