Sevilla

La ciudad desde la estación

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La ciudad

Definitivamente, Sevilla es para pasearla. Al margen de los numerosos monumentos, cuenta con innumerables rincones, plazas y callejuelas que, unidas al olor del azahar o del jazmín y al sonido de las fuentes, cautivan al paseante. Gracias al entramado de sus calles, la cal en las fachadas y las flores en los balcones, Sevilla ha conseguido una fisonomía inconfundible.

Especialmente agradable es pasear por el Barrio de Santa Cruz, antiguo barrio judío de calles estrechas, paredes blancas y fachadas simples. Un impecable blanco hace una preciosa composición con el hierro forjado de las rejas de las ventanas y con el zaguán que da paso al patio con zócalos de azulejos, una fuente central, un naranjo, un jazmín o una dama de noche, plantas obligadas en cualquier patio.

 

Foto: Callejón del agua. Barrio de Santa Cruz  (visitasevilla.es)


Foto de la ciudad


También tiene su encanto pasear por los maravillosos jardines del Parque de María Luisa. El nombre lo tomó de la Infanta María Luisa Fernanda de Borbón y Borbón que donó a la ciudad los jardines del Palacio de San Telmo, en 1893. En el Parque se pueden encontrar monumentos de enorme interés, como el Pabellón Renacentista, sede del Museo Arqueológico, el Pabellón Mudéjar, el Pabellón Real o el de las Artes. Estos pabellones se construyeron para la Exposición Iberoamericana de 1929. Otra opción es finalizar el paseo dando una vuelta por la Plaza de España, obra de del arquitecto Aníbal González.

 

Foto del parque de María Luisa  (visitasevilla.es)


Foto de la ciudad


Placentero es también pasear por las orillas del Guadalquivir o dar una vuelta en barco por el río. Y si se prefiere, los encantos de Sevilla también se pueden descubrir en coche de caballos. Eso sí, bajando de él de vez en cuando para contemplar las pequeñas plazuelas y callejones que se dejan ver a su paso.



La Catedral y la Giralda

La Catedral de Sevilla se levanta donde antes estuvo la mezquita mayor construida por los almohades en el s. XII. Del antiguo tempo mahometano sólo se conservan el Patio de los Naranjos y su alminar. Esta torre, conocida por la Giralda, vió sustituir las esferas de bronce de la cúspide por la cruz cristiana en 1400. Posteriormente, en 1568, se ejecutó el diseño de Hernán Ruiz que incluía un cuerpo de campanas renacentistas. El nombre de Giralda le viene de una escultura en bronce de Juan bautista Vázquez, que corona la torre y que no es sino una veleta o giraldillo, que simboliza el triunfo de la Fe. En la Catedral reposan los restos de Cristóbal Colón.

 

Foto: La Giralda  (visitasevilla.es)


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La Torre del Oro y los Reales Alcázares

Si imperdonable fuera estar en Sevilla y no visitar la Giralda, imperdonable sería encontrarse en Sevilla y no contemplar otra torre, también de origen árabe, plantada a orillas del Guadalquivir, la Torre del Oro. Tiene una sorprendente planta dodecagonal y su función era la de servir de atalaya para defender la ciudad de navíos enemigos. La referencia al oro parece que debe a los azulejos dorados que revestían sus muros; aunque hay quien asegura que se debe a que allí se descargaban los tesoros llegados de las Indias Occidentales. La Torre del Oro fue construida en 1221 como parte del recinto amurallado y estaba unida a los Reales Alcázares. Este palacio espectacular ha sido residencia de reyes españoles desde la conquista cristiana de la ciudad. Los Reales Alcázares, cuyas obras inició Abderramán III hacia el 913, han visto cómo, a lo largo de los siglos, distintos monarcas fueron enriqueciéndolo. Pedro I mandó construir el núcleo del Palacio, verdadera joya del mudéjar sevillano. Los Reyes Católicos dieron nombre a distintas estancias. Carlos V, que celebró aquí su boda con Isabel de Portugal, en 1526, ordenó la construcción de aposentos de estilo renacentista, decorados con grandes tapices y azulejos. Alfonso XIII también acometió reformas, con motivo de la Exposición Iberomaericana de 1929. El Patio de las Doncellas, los Salones de Carlos V y el Salón de Embajadores son lugares de obligada visita.

Entre tanta joya arquitectónica no desentona en Sevilla la Casa de Pilatos, un palacio suntuoso en el que conviven estilos clásicos con enlucidos mudéjares en techos y paredes y hasta una capilla gótica. Su nombre se debe a que de aquí partía un Vía Crucis (Jesús ante Pilatos) que terminaba en la Cruz del Campo.

Más Sevilla es más andar, andar por el barrio de Triana, por sus calles repletas de geranios y de bellas cerámicas; andar por la calle de las Sierpes, repleta de comercios y de historia; andar por El Arenal, andar hacia la Maestranza, la plaza de toros ocre y blanca de fachada barroca. Por la Puerta del Príncipe sueñan salir a hombros los toreros triunfadores. Sentir Sevilla es caminar junto al río por el arbolado Paseo de Cristóbal Colón. El Ayuntamiento,el Hospital de Venerables, la Isla de la Cartuja, la Real Fábrica de Tabacoso el Archivo de Indias son otras citas obligadas para el visitante en Sevilla.

 

Foto: La Plaza de España (exposición unversal de Sevilla año 1929)  (spain.info.es)


Foto de la ciudad