Colección de esculturas

Obras

Homenaxe ó labor do canteiro (2001)

Homenaxe ó labor do canteiro (2001)

En aquellas catedrales que florecieron durante el apogeo del gótico, y en las que inicialmente se trabajaba en silencio con arreglo a las pautas de la tradición monástica, el cantero fue un personaje sobresaliente de entre el importante conjunto de operarios especializados bajo las órdenes del maestro albañil. En medio de aquella estructura jerarquizada, sólo los auténticos canteros profesionales tenían acceso al tallado de los bloques menores que se extraían de la cantera, a los que conferían las oportunas formas para ornato del exterior del templo. Mientras los peones se limitaban a cortar y colocar en su correspondiente lugar las piedras, estos especialistas, que contaban con sus correspondientes ayudantes (los fámulos), y que indistintamente tallaban en la propia cantera, en la obra, o en su logia, cobraban por pieza realizada, ya fuera para adorno de puertas, ventanas, junturas u otras partes de la edificación. Eran, más que artesanos, auténticos escultores, y sus iniciales quedaban registradas en las estatuas y relieves ornamentales que llevaban a cabo. Justo por esa razón, su consideración profesional en aquellas obras llamadas a proyectarse en la eternidad trascendía con mucho la de otros oficios. Galicia contó con auténticos especialistas en el tallado de la piedra dura, del mármol y del alabastro, una tradición afortunadamente recuperada en las últimas décadas, cuando parecía destinada a la extinción, y es a estos anónimos personajes a los que Cordal Quintans tributa su homenaje en una época marcada por la presencia de unas grandes edificaciones civiles que, como aquellas antiguas catedrales, aspiran a ser emblemáticas del tiempo en que fueron alzadas.