Esta estación, declarada como Bien de Interés Cultural, en la categoría de monumento, desde abril de 1985, e integrada en el Patrimonio Histórico Español, enriquece con su singularidad el acervo arquitectónico y cultural de Adif. Unos años antes, en 1981, el Ayuntamiento de Almería la declaró obra de interés histórico-artístico. Y aún hace más tiempo alguien la bautizó como “un monumento al final del desierto”.
Además de ser paradigma de la tendencia arquitectónica conocida como eclecticismo*, aplicada a edificios de uso ferroviario, esta estación se distingue por su peculiar diseño que recuerda una embarcación naviera, tal y como nos lo refiere el autor del libro: “Tesoros de España: Estaciones de Ferrocarril”, Gonzalo Garcival: “En pos de una meta puramente económica y de fomento minero, no es extraño que al principio se hablase de la estación de Almería-puerto. Se trata, efectivamente, de una nave con mascaron de proa, una instalación portuaria cuyo suntuoso diseño original puede que se debiera al mismo proyectista de la terminal de viajeros y demás.”.